martes, febrero 28, 2012
domingo, febrero 26, 2012
Al amparo de las flores
por Carlos Esteban Cana
En el
primer expediente del Legado 3313, de la Sección
Ultramar del Archivo Histórico Nacional de España, se dice que el 23 de
febrero de 1824, durante la gobernación de don Miguel de la Torre, siete
esclavos y una esclava fueron capturados en aguas de San Juan. Tripulaban una
lancha robada con la que pretendían convertirse en hombres y mujeres libres.
Fueron apresados por el capitán de un buque de guerra inglés que fondeaba en la
bahía. Lo que no está documentado en el mencionado expediente, porque todos los
esclavos mantuvieron el más hermético silencio, era que Esteban, esclavo de la
Hacienda Tomás, había logrado escapar de la manera mas extraña.
Todo
ocurrió cuando la pequeña embarcación, a duras penas, pasaba cerca de las famosas
tierras heredadas por un médico español, terrenos que no eran otra cosa que un
inmenso y desproporcionado mangle. Puritos kilómetros de mangle en los que se
perdió el grito de indignación del doctor Hernando cuando supo que aquello era
lo que le habían prometido. Pero eso había sucedido dos siglos atrás. Y este
pasaje guardado en la solidaria confidencialidad coloca al esclavo Esteban,
mientras remaba, mirando con curiosidad el tupido follaje que servía como
cortina adecuada y necesaria en su paso clandestino por la bahía.
Los
esclavos en la embarcación no habían dudado de arrojarse a la empresa; iban
arriesgar todo con el propósito de librarse del abusivo yugo continuo del
látigo del capataz, de las jornadas prolongadas bajo el candente sol de un trópico
inclemente en los cañaverales, de las paupérrimas viandas que les permitían
como perpetua alimentación, del suelo duro en el cual dormían apretujados unos
a otros. ¿Qué más se podía perder?, era el sentir general de los nueve que
permanecían silenciosos mientras el chapoteo del mar sacudía la escuálida embarcación.
En
esos instantes Esteban sentía en su interior la rítmica melodía del baile de
bomba. Fluía en sus latidos el mismo coraje, la indignación que expresaban
metáforas entonadas por esclavos bozales que habían disfrutado en el pasado del
sabor de una libertad entre carabalíes o mandingas, arrebatada por la trata.
Aconteció
que Esteban tocaba el cuero de una conga cuando se enteró de los actos de
valentía del país de los negros libres, Haití. Y fue precisamente en una de las
pocas celebraciones de bomba que se les permitía a los esclavos que tomo la
decisión de unirse a la fuga de la cual le habló una mujer de la nación de
Ulloa, en la que ella y siete esclavos más tendrían participación. Esa noche
Esteban observó las constelaciones como una señal. Miraba con asombro la
brillantez estelar y recordó momentos efímeros y difíciles como cuando su madre
se interpuso que lo marcaran con el carimbo. La memoria del gesto le humedeció
los ojos. Esteban secó y sacó su dolor, cantando en alta voz el estribillo que
decía: “Al amparo de las flores, encontrarás la atalaya”, y repetía cada vez
con mayor volumen, “al amparo de las flores, encontrarás la atalaya” hasta que
emergió de sí el grito sonoro más grave cuando se entregó por al baile que
provocaba el tambor.
Y en
pleno discurrir, entre ramas endebles que exhibían raíces sumergidas en un azul
diáfano, Esteban murmuraba la letra de aquella canción cuando la embarcación
comenzó a despegarse de la costera vegetación para tomar rumbo hacia el norte.
Las olas, cada vez de mayor tamaño, salpicaban el interior del bote. En aquel
punto del trayecto había sido relevado de los remos, y dirigió su mirada
nuevamente hacia los matorrales que quedaban atrás.
Tuvo
que colocar su mano sobre su frente para ubicar, ya a lo lejos, un pequeño
detalle que le resultó curioso. Entre los espesos mangles del sur el esclavo
pudo distinguir pequeñas flores rosadas que cubrían un pequeño sector de la
superficie del mar. Sin darse cuenta, casi de manera automática, todavía
susurraba en sus labios las palabras de aquella canción, cuando la silueta
enorme de un buque se dibujó en el horizonte.
En
aquel instante miró el rostro de sus compañeros y al buque que se aproximaba.
De inmediato, como si de una revelación se tratara, les gritó: “¡Al amparo de
las flores, encontraras la atalaya! ¡Es hacia el sur compañeros, hacia la
alfombra de flores rosadas!”, repetía señalando hacia el sur.
-No hermano, hacia
allá- le dijo Ramón, el carabalí, que indicaba con su índice la desembocadura
de la bahía.
— ¿Alguien me
acompaña? — preguntó Esteban mientras se
levantaba sin recibir respuesta. Y ante el silencio imperante, no espero más,
se lanzó de la pequeña embarcación.
Cuando el capitán
de aquel buque salió a cubierta para cerciorarse con sus propios ojos de lo
informado por un marino, la mujer de la nación de Ullo observó un pequeño punto
que se movía entre las rosadas flores que bordeaba los mangles del sur, y
sonrió.
Una vez al año, en
verano, se efectúa un cruce a nado en la región. Quizás con la gesta del negro
Esteban, se comenzó una tradición.
***
Carlos Esteban Cana es comunicador y escritor.
Fundador de la revista y colectivo Taller Literario, un espacio de
democratización en las letras puertorriqueñas. Se ha desempeñado como
coordinador editorial, periodista cultural independiente, y ha laborado además
en la industria televisiva. Su obra creativa se ha publicado en revistas y
periódicos nacionales como El Sótano 00931, Ciudad Seva, Narrativa
Puertorriqueña, Letras Salvajes, CulturA, Diálogo y El Nuevo Día, entre otros.
En lo que se refiere al ámbito internacional su narrativa y poesía ha sido
publicada por Escaner Cultural, Zona de Carga, Palavreiros, Abrace y el Boletín
de Nueva York, entre otros. Recientemente algunos de sus cuentos han sido
traducidos al italiano. Ha participado, además, en diversos medios de
comunicación reflexionando acerca del panorama cultural en el País.
miércoles, febrero 22, 2012
sábado, febrero 18, 2012
En las letras, desde Puerto Rico: Artesanía y dolor en la poética de Alfredo Villanueva
por Carlos Esteban Cana
La noche que conversé y conocí a Alfredo Villanueva fue memorable. A pocos escritores les he podido sacar tanto en una breve entrevista. Aunque esa visita lo instalaba nuevamente, de forma cercana, en el circuito literario del patio, Villanueva venía realizando su obra poética y cultural de forma consistente, desde mediados de la década del 80 en Nueva York. A la hora de acercarme a su hoja de ruta, encuentro que son referentes importantes títulos como El imperio de la papa frita, Pan errante o Mala Leche, por mencionar sólo algunos.
Alfredo Villanueva: Yo he querido escribir una poesía que yo llamo somática. Esto es que se escribe, como yo digo, con cuatro tintas. Siempre he dicho que yo escribo con sangre, semen, sudor y lágrimas. Digo que no es con el corazón que se siente, sino con el estómago. Porque cada vez que yo siento una emoción muy fuerte a mí lo que se me encoge es el estómago, no el corazón. Yo creo que para escribir hay que sufrir bastante, y si no se tiene una vivencia muy fuerte uno termina ensartando palabras que pueden ser muy buenas pero que no comunican. Porque el acto de la comunicación se da cuando la persona que lee siente que la persona que escribe le presta su garganta, le presta su voz para poder decir algo. El cumplido más grande que le hace un lector a un poeta es cuando le dice: “Me hubiera gustado escribir eso”, o “usted ha dicho algo que he sentido toda la vida”, “usted ha escrito algo por lo que yo he pasado”.
Yo digo que yo soy más Mallarmé. Para mí es la flor que está ausente en todo el ramillete. La poesía tiene que ver mucho con las ausencias, con los vacíos, con los agujeros. Pero son ausencias que son presencias porque viajan con uno todo el tiempo. Uno no puede dejar de recordar, ¿no? Para mí es muy importante. La poesía comienza en el cuerpo, no en la mente, no en el logos, en el soma. Una de mis líneas favoritas de aquella obra de Tenesse Williams es: No recuerdo el rostro pero las manos me son familiares. Nosotros somos un cargamento de trazas de otros que nos han impactado, y las cargamos. La ventaja del poeta es que puede recuperar esas trazas; y otros a través del poeta encuentran las trazas de ellos mismos.
Siempre he dicho, nadie se acuerda de un poema completo
pero se acuerda de un fragmento de poema. Y ese fragmento del poema le estalla
una y otra vez. Tú puedes estar 20 años después de haber leído lo que llamo un
poema cursi Este domingo triste pienso en ti y de repente llega un domingo que
estás tristes, piensas dulcemente en alguien, y ese poema te vuelve a salir, y
tú te quedas como ¡Auch! te duele. Porque la poesía que es buena duele, duele
por que es como un cuchillazo que le dan a uno, porque la memoria hace que uno
recupere. Yo vivo obsesionado por fragmentos de poemas. Ya no la quiero, es
cierto, pero cuánto la quise. La noche está estrellada y ya no está conmigo. No
tiene que ver con el idioma, es
cualquier poema que tú hayas podido leer en el original. Tú te quedas con una
de esas líneas y la llevas toda la vida contigo. Cuando menos tú lo esperas
salta de nuevo y vuelve a ser vigente.
Cuando yo comencé a escribir aquí en Puerto Rico hubo una poeta muy famosa en su época del grupo Guajana, no era del grupo Guajana como tal sino que era la musa de los guajanos que me dijo que yo tenía que quemar toda mi poesía porque no estaba escribiendo poesía política. Yo no tenía la madurez para escribir poesía política. En ese momento Mercedes López Baralt me había regalado para mi cumpleaños un libro llamado Cuatro poetas españoles que tenía a Gabriel Celaya, a Blas de Otero, creo que a Alberti y a José Hierro. Y a ese yo le tengo que añadir un quinto que es Emilio Prado. Yo, de repente, encontré que eso me salvó… Me salvó de Darío y me salvó de Lorca, que yo creo que son las influencias más terribles que hay sobre todos los poetas. No porque sean malos sino porque uno los llega a imitar como esclavos. ¿No? Yo empecé por la poesía intimista. Después con mis estudios de literatura, Wallace Stevens. Sobretodo Wallace Stevens, más que nadie. Whitman, Elliot, el Dante que lo leí a muerte con un profesor de la Universidad de Puerto Rico. No se hablé de los simbolistas, Mallarmé, Verlaine. Pier Paolo Pasolini que mucha gente no lo ha leído como poeta. Yo tuve la suerte de que me obligaron a leer, casi a punta de pistola, a los herméticos italianos. Y para mí fue una revelación, Salvatore Cuasimodo, lo que yo llamo poesía seca, no poesía mojada. Poetas en los que triunfaba la imagen sobre la palabra. No eran sentimentales pero dolían muchísimo más. Unas cosas tan labradas, tan bien hechas, y no digo yo que eran cerebrales, es la imagen. Lo más importante es que uno tiene que decir algo. Escribir por escribir a mí me deja frío. Yo quiero comunicar, y yo creo que eso es lo que define mi poesía, la comunicación. Lo más importante en mi vida es que venga alguien que no conoce de poesía y me diga: “Yo sentí eso que usted escribió.”
Alfredo Villanueva Collado (Santurce, Puerto Rico, 1944).
Residente en Nueva York. Poeta y cuentista de la diáspora puertorriqueña. B.A,
M.A. Universidad de Puerto Rico. Ph.D. Literatura Comparada, SUNY Binghamton,
1974. Catedrático Emérito, Eugenio María de Hostos Community College (CUNY,
NY). Miembro de la junta directiva de Latino Artists Round Table (NY). Premio
Casa Tomada (NY) de Cuento y Poesía, 2006; mención de cuento, Ateneo Puertorriqueño,
2006. Poemarios: Las transformaciones del vidrio. (Editorial Oasis, 1985);
Antología, Pliego de Murmurios (Sabadell, VII-91, 1987); Grimorio. (Coleccion
Murmurios 1988); En el imperio de la papa frita. ( Editorial Colmena, l989); La
guerrilla fantasma. (Editorial Moria, l989); La voz de la mujer que llevo
dentro. (Arcas, l990); Pato salvaje (Arcas, 1991); Entre la inocencia y la
manzana. (UPR 1996); La voz de su dueño ( Latino Press, 1999); De antiguo amor.
(Taller del Poeta, 2004. PDF Format); Pan errante. Pontevedra. Taller del
Poeta, 2005); Mala leche (Taller del Poeta, 2006, Formato PDF). Antologías
poéticas: Poesía puertorriqueña, 1984-85 (Mairena, 1986); Poesía Actual, 1988.
(Pliegos, 1988); Papiros de Babel: Antología de la poesía puertorriqueña en
Nueva York (UPR, 1991); Antología infinita No.1 (1992); Centro Español, 1992);
Poesida: An Anthology of AIDS Poetry from the United States, Latin America and
Spain (Ollantay 1995); Como ángeles en llamas/Algunas voces Latinoamericanas
del siglo XX/Selección (Maribelina, 2004); Poesía puertorriqueña del siglo X:
Antología (UPR, 2004); El verbo descerrajado: antología de poemas en
solidaridad con los presos políticos de Chile. (Apostrophe, 2005); Cauteloso
engaño del sentido (Libros de la luna, 2007) Contacto en: alfavil@aol.com
La noche que conversé y conocí a Alfredo Villanueva fue memorable. A pocos escritores les he podido sacar tanto en una breve entrevista. Aunque esa visita lo instalaba nuevamente, de forma cercana, en el circuito literario del patio, Villanueva venía realizando su obra poética y cultural de forma consistente, desde mediados de la década del 80 en Nueva York. A la hora de acercarme a su hoja de ruta, encuentro que son referentes importantes títulos como El imperio de la papa frita, Pan errante o Mala Leche, por mencionar sólo algunos.
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Esa noche, entre copas de vinos y un grupo selecto de
amigos, la poeta Etnairis Rivera se refirió a Alfredo Villanueva como un
escritor que luchaba con el tiempo con una especie de nostalgia; un creador que
levantaba su voz, con cierto anarquismo, contra fundamentalismos de cualquier
tipo. Y así es. Es evidente la irreverencia visceral en la poesía erótica de un
artista que disfruta coleccionar cristales de diferentes lugares.
Pero no hablemos más, dejemos que el propio poeta nos
hable de aquellas lecturas que le apasionan, del significado que le da a la
poesía, de lo que implica ser escritor. Alfredo Villanueva es el invitado en
esta edición de En las letras, desde Puerto Rico.Alfredo Villanueva: Yo he querido escribir una poesía que yo llamo somática. Esto es que se escribe, como yo digo, con cuatro tintas. Siempre he dicho que yo escribo con sangre, semen, sudor y lágrimas. Digo que no es con el corazón que se siente, sino con el estómago. Porque cada vez que yo siento una emoción muy fuerte a mí lo que se me encoge es el estómago, no el corazón. Yo creo que para escribir hay que sufrir bastante, y si no se tiene una vivencia muy fuerte uno termina ensartando palabras que pueden ser muy buenas pero que no comunican. Porque el acto de la comunicación se da cuando la persona que lee siente que la persona que escribe le presta su garganta, le presta su voz para poder decir algo. El cumplido más grande que le hace un lector a un poeta es cuando le dice: “Me hubiera gustado escribir eso”, o “usted ha dicho algo que he sentido toda la vida”, “usted ha escrito algo por lo que yo he pasado”.
Yo digo que yo soy más Mallarmé. Para mí es la flor que está ausente en todo el ramillete. La poesía tiene que ver mucho con las ausencias, con los vacíos, con los agujeros. Pero son ausencias que son presencias porque viajan con uno todo el tiempo. Uno no puede dejar de recordar, ¿no? Para mí es muy importante. La poesía comienza en el cuerpo, no en la mente, no en el logos, en el soma. Una de mis líneas favoritas de aquella obra de Tenesse Williams es: No recuerdo el rostro pero las manos me son familiares. Nosotros somos un cargamento de trazas de otros que nos han impactado, y las cargamos. La ventaja del poeta es que puede recuperar esas trazas; y otros a través del poeta encuentran las trazas de ellos mismos.
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| Fotografia por: Claudia B |
Cuando yo comencé a escribir aquí en Puerto Rico hubo una poeta muy famosa en su época del grupo Guajana, no era del grupo Guajana como tal sino que era la musa de los guajanos que me dijo que yo tenía que quemar toda mi poesía porque no estaba escribiendo poesía política. Yo no tenía la madurez para escribir poesía política. En ese momento Mercedes López Baralt me había regalado para mi cumpleaños un libro llamado Cuatro poetas españoles que tenía a Gabriel Celaya, a Blas de Otero, creo que a Alberti y a José Hierro. Y a ese yo le tengo que añadir un quinto que es Emilio Prado. Yo, de repente, encontré que eso me salvó… Me salvó de Darío y me salvó de Lorca, que yo creo que son las influencias más terribles que hay sobre todos los poetas. No porque sean malos sino porque uno los llega a imitar como esclavos. ¿No? Yo empecé por la poesía intimista. Después con mis estudios de literatura, Wallace Stevens. Sobretodo Wallace Stevens, más que nadie. Whitman, Elliot, el Dante que lo leí a muerte con un profesor de la Universidad de Puerto Rico. No se hablé de los simbolistas, Mallarmé, Verlaine. Pier Paolo Pasolini que mucha gente no lo ha leído como poeta. Yo tuve la suerte de que me obligaron a leer, casi a punta de pistola, a los herméticos italianos. Y para mí fue una revelación, Salvatore Cuasimodo, lo que yo llamo poesía seca, no poesía mojada. Poetas en los que triunfaba la imagen sobre la palabra. No eran sentimentales pero dolían muchísimo más. Unas cosas tan labradas, tan bien hechas, y no digo yo que eran cerebrales, es la imagen. Lo más importante es que uno tiene que decir algo. Escribir por escribir a mí me deja frío. Yo quiero comunicar, y yo creo que eso es lo que define mi poesía, la comunicación. Lo más importante en mi vida es que venga alguien que no conoce de poesía y me diga: “Yo sentí eso que usted escribió.”
A mí me han criticado mucho mi poesía homoerótica, por
ejemplo, y sin embargo cuando yo leí sobre la muerte de mi compañero hubo gente
que se atacó a llorar en el auditorio. Yo me quedé como ¡wow! ¿qué es esto? Y
vino una señora y me dijo: “Gracias por compartir tu dolor con nosotros.”
Porque la muerte no tiene sexo y es una experiencia universal. Y yo que he
visto morir a tanta gente. El amor no tiene que ver con sexo. Cuando yo le
escribo un poema a un cuerpo que tengo al lado, con el que he vivido por un
montón de años y que todavía no conozco, pero ha quien ya le he jurado
fidelidad o hecho un compromiso. Y lo digo así, aquí hay un extraño. Yo creo
que todo el mundo, en los matrimonios, llega una noche en que se despierta y
mira el cuerpo de al lado y dice: “¿éste quién es o ésta quién es? pero aquí me
quedo. Ya no me queda más remedio. Aquí estamos. Ese conocimiento de que son
dos extraños que van a estar juntos para siempre.
Cada libro es un libro muy especial. Un libro llamado
Glimorio, que es un libro de magia y una gramática, ese es muy especial porque
yo intenté universalizar mi experiencia. Es muy importante En el imperio de la
papa frita, que es mi primer poemario político sobre la situación colonial de
Puerto Rico. Pero, en realidad, cada libro es importante, y yo no dejo a mis
libros atrás. Hay poetas que escriben y se olvidan del libro, y sin embargo, en
mi caso, mis libros forman una secuencia. Cada uno añade a lo que han dicho los
demás. En los recitales, por ejemplo, no puedo leer nada más que lo último,
sino que tengo que leer un poquito de todo.
A Ana María le agradezco infinitamente que no importa lo
escabroso que yo escribiese me ha publicado en Borinquen Literario. Yo creo
mucho en el Internet. De hecho, tengo dos libros que no están publicados en
papel. Se pueden bajar gratis del Internet, y mi intención, mi ‘mala leche’,
como yo llamo a uno de los poemarios, es regalar la poesía. Porque ya me cansé
de cargar con libros en la maleta. No hay nada más subversivo que decir: lo mío
se reparte pero no es comercial. Ahí los editores se mueren. A mí me cuesta
treinta dólares poner un libro en internet, lo puede bajar todo el mundo y en
estos tiempos la gente puede entrar a las bibliotecas digitales. Como
puertorriqueño, y yo lo proclamo a todo tren, es fascinante que me estén
leyendo en diferentes partes del mundo. A veces me da gracia porque yo llego a
Puerto Rico y se me conoce ahora. Pero hace tiempo se me lee afuera. Tengo
contacto en todos lados y eso es muy importante
Primero que todo no creo en la vaina de las generaciones.
No hay poetas viejos y poetas jóvenes. Hay poetas. Y yo creo que todos nosotros
jamás dejamos de aprender unos de los otros. Yo todavía, cuando escribo y se me
queman las pilas, agarro mis poetas y aprendo de nuevo. De manera que no veo el
por qué de esta división artificial. A mí me encanta trabajar los nuevos o los
que comienzan a formarse porque yo he cometido toda clase de errores en la
poesía y sé dónde están en los peligros. El diamante hay que pulirlo para que
brille. Tú escribes con inspiración después de estar tres días trabajando en
ese poema… ¡Perdón! ¡Nada de tres días, toda la vida! Yo tengo poemas que
escribí hace treinta años atrás que cuando los leo nuevamente los cambio. Y yo
creo que es lo más importante. La artesanía es el alma del arte.
***
Biobibliografía
Alfredo Villanueva Collado (Santurce, Puerto Rico, 1944).
Residente en Nueva York. Poeta y cuentista de la diáspora puertorriqueña. B.A,
M.A. Universidad de Puerto Rico. Ph.D. Literatura Comparada, SUNY Binghamton,
1974. Catedrático Emérito, Eugenio María de Hostos Community College (CUNY,
NY). Miembro de la junta directiva de Latino Artists Round Table (NY). Premio
Casa Tomada (NY) de Cuento y Poesía, 2006; mención de cuento, Ateneo Puertorriqueño,
2006. Poemarios: Las transformaciones del vidrio. (Editorial Oasis, 1985);
Antología, Pliego de Murmurios (Sabadell, VII-91, 1987); Grimorio. (Coleccion
Murmurios 1988); En el imperio de la papa frita. ( Editorial Colmena, l989); La
guerrilla fantasma. (Editorial Moria, l989); La voz de la mujer que llevo
dentro. (Arcas, l990); Pato salvaje (Arcas, 1991); Entre la inocencia y la
manzana. (UPR 1996); La voz de su dueño ( Latino Press, 1999); De antiguo amor.
(Taller del Poeta, 2004. PDF Format); Pan errante. Pontevedra. Taller del
Poeta, 2005); Mala leche (Taller del Poeta, 2006, Formato PDF). Antologías
poéticas: Poesía puertorriqueña, 1984-85 (Mairena, 1986); Poesía Actual, 1988.
(Pliegos, 1988); Papiros de Babel: Antología de la poesía puertorriqueña en
Nueva York (UPR, 1991); Antología infinita No.1 (1992); Centro Español, 1992);
Poesida: An Anthology of AIDS Poetry from the United States, Latin America and
Spain (Ollantay 1995); Como ángeles en llamas/Algunas voces Latinoamericanas
del siglo XX/Selección (Maribelina, 2004); Poesía puertorriqueña del siglo X:
Antología (UPR, 2004); El verbo descerrajado: antología de poemas en
solidaridad con los presos políticos de Chile. (Apostrophe, 2005); Cauteloso
engaño del sentido (Libros de la luna, 2007) Contacto en: alfavil@aol.comjueves, febrero 16, 2012
domingo, febrero 12, 2012
Renuncia
Por: Angelo Negrón ©
A quien pueda interesar:
Sirva la presente para informarle que efectivo hoy, 14 de
febrero de 1995, someto mi renuncia al cargo que se me impuso y en el cual me
he desempeñado por los últimos años. Mi renuncia se debe a que ya estoy cansado
de mi labor. Siempre he tenido que actuar en pro de nuestros devotos creyentes
y compañeros. Nunca he logrado beneficio alguno para mi persona, además del
dinero, tengo otras necesidades pues lo que ustedes llaman espiritualidad es
algo que estoy muy lejos de comprender.
A quien pueda interesar:
Adelantándome al hecho de que se opondrán a mi
irrevocable renuncia me he permitido enumerarles algunas otras razones:
1. Debe estar claro que no se trata de mis honorarios. La
verdad es que no necesito dinero. Como ustedes saben mi padre me dejó una
cuantiosa herencia; gracias a ello puedo retirarme aún joven y pasar el resto
de mi vida tranquilo.
2. No he de negar que he titubeado antes de renunciar
porque siempre he mantenido buena relación con todos, y aunque no es la razón
principal, el agotamiento físico y también el espiritual me tienen obsesionado
con un largo descanso.
3. Debo mencionar que la prohibición de ustedes de
enamorarme me tiene hasta el copete. Yo también tengo derecho a sentir amor. ¡Lo
he sufrido tantas veces!
4. Nuestros fervorosos creyentes desaparecen de mi vista
cada vez que les bendigo su relación. Tienden a amarse y yo permanezco aquí
teniendo sueños mojados y eyaculaciones incompletas al no tener la carnalidad
de una mujer en mi lecho. Me quedo a imaginarme la forma en que se divierten amándose
y practicando todo lo que nosotros no podemos por culpa de un estúpido voto de
castidad y obediencia.
5. Nunca creí en la castidad. Sólo soporté ante una
filosofía platónica que lo que logró fue drenarme y derrumbó mis propias
barreras inútiles.
6. No entiendo que les pasa, si el sexo se complementa
con el amor y viceversa ¿por qué yo no puedo disfrutar de ambos?
7. Me enamoré, ya le declaré mi amor y a pesar de que mi
físico y mi estatura no son compatibles con ella y acepto que no son las más convenientes, dijo que si, que estaba
dispuesta a compartir su vida conmigo.
8. No existe vuelta atrás. Ya la hice mía y saboreé cada
centímetro de su piel. Fui suyo y me enseñó el camino a la lujuria. Deposité en
su cuerpo toda mi esperanza de días felices y noches ardientes. La abracé
contra mi pecho y los latidos de mi corazón fueron sincronizándose con los de
ella. El ritmo en que nos amamos sólo es comparable al terremoto y a la calma,
al huracán y al viento sutil o al golpe de las olas contra la costa y a la
tranquilidad del mar cuando descansa.
9. ¡No entiendo la razón por la que ustedes pretenden que
no tengamos experiencias así! ¡Es delicioso! Máxime cuando uno deja que la
locura del amor guíe las caricias y no existan prohibiciones que impidan a dos
cuerpos entremezclarse y saborearse de forma candente e ilimitada.
10. Ella sufría de soledad como yo, así que es valida
nuestra relación. La encontré con las mismas necesidades; físicas y
espirituales. ¡Si la vieran desnuda; es despampanante! Pero no la verán, pues
ella es sólo mía y me encargaré de hacerla muy feliz.
11. Este día ha sido sensacional y aunque me condenen o
muera hoy, no cambiaria mi vida entera por esta mañana en que la conocí en
cuerpo y alma. Calmando mi sed, disfrutándomela hasta el rendimiento y
renaciendo del cansancio para poseerla como ave fénix con el calor de mil
infiernos y con la ternura de mil paraísos.
Por lo tanto si deciden continuar con la plaza no cuenten
conmigo para adiestrar a alguien más. ¡Que haga lo que hice yo! Que aprenda solo.
Y no se les ocurra pedirme más tiempo pues no lo tengo. Me iré para las Bahamas
y luego a donde ella ordene. No mentiré diciendo que los extrañaré así que sin
más que agregar, me despido.
Sinceramente:
Cupido
PS: Dejé las pequeñas alas, el arco, las flechas y la
estúpida cinta roja con la secretaria de recepción. Deberían entregárselos a
San Valentín, después de todo, siempre envidió mi puesto.
¡Ah! Y no se les ocurra insinuar que tuve amoríos en
horas laborables o que esta no es la primera vez. Me enamoré apenas esta
mañana. Ella fue la enfermera que atendió y curó la profunda herida que yo
mismo me provoqué con una de las flechas.
sábado, febrero 11, 2012
En las letras, desde Puerto Rico (Serie En sus propias palabras) Marioantonio Rosa: el placer de la lectura o la poética esencial
por Carlos Esteban Cana

Mi padre siempre me estimuló desde muy niño a leer. Mi papá era
ingeniero pero antes fue maestro normal. La práctica de ingeniería la hizo en
Cataño en una fábrica de motores aviones. Sin embargo él era un lector,
disfrutaba muchísimo la lectura. Muchas de las asignaciones que me daban en el
Colegio Nuestra Señora de Lourdes, las hacíamos juntos, especialmente las de
historia y estudios sociales. Recuerdo que un día, que me asignaron buscar
información sobre Gabriela Mistral, la gran poeta Premio Nobel, papi me ayudó
con la enciclopedia y con unas referencias. Gabriela Mistral fue la primera
poeta que me llamó la atención. Papi me dijo: “Sería bueno que transcribieras
unos de los poemas”. Mi padre, que siempre me estimuló a que tuviera contacto
con la lectura y la vida cultural, consiguió el libro que se titula Desolación, y yo transcribí unos cuantos
poemas de ese libro. Y puedo decir que desde ese momento comencé a sentir un
apego, una cosa instantánea hacia la poesía y la literatura en general.
En mi proceso creativo he explorado el ensayo y la dramaturgia pero el
primer andamio se da con la poesía. Aunque trabaje en otros géneros siempre
permanecen los elementos que nutren al poema. Siendo cartesiano por naturaleza,
dudo, pienso y existo. Siempre tengo la duda presente en mis creaciones, esa
duda de si el poema cumple realmente con
lo que yo quiero comunicar. Si no es muy hermético o soy demasiado denso. Cosas
así. Por eso digo que mi proceso siempre es un proceso de observación. Cada día
vivo no mirando, sino observando todo lo que me rodea. Las observaciones se
hacen desde el corazón y no desde el intelecto, y esas observaciones te empujan
a un título, te dicen un título, te nombran un título: yo quiero llamarme esto.
Desde ese título, que es lo mismo que decir toda esa observación diaria, van
surgiendo temas que adquieren cuerpo y forma. Temas que piden que hagas luz,
que le des forma adecuada para comunicar. Incluso ocurre en el momento de
escribir la columna en Claridad, en la que siempre trato de tener la frialdad
propia y característica de los periodistas, pero como siempre parto de la
poesía es inevitable que esa luz que da el verso y la metáfora no sea parte de
la historia. No puedo excluir la poesía del reportaje de turno que esté
realizando. El proceso poético esta inherentemente relacionado a la capacidad
de observación y se logra cuando a la misma vez se vive lo que estás
observando. Siempre lo resumo así. Incluso aunque el poema sea negativo, aunque
sea de crítica, siempre hay una aceptación y una exposición de espiritualidad.
El poeta es un ser espiritual lo quiera o no. Lo niegue o no lo niegue. En el
mismo Nerval, en Rubén Darío, en Vallejo, Huidobro o en Nicanor Parra con toda
su antipoesía, está el complemento de cierta unidad espiritual. Tengo una
definición muy personal sobre lo que es espiritualidad y para mí es,
sencillamente, acercarse a una expresión transparente. No necesariamente tiene
que ser pura pero sí transparente, una expresión que permita libertad al propio
ser y al ser con respecto a lo que le rodea. No hablo de la libertad que
predican los proselitistas, ni la espiritualidad que se conoce de las iglesias.
Sino de esa libertad que la misma expresión te permite y te hace capaz de
hacerte un humano espiritual. Y esa espiritualidad personal de cada poeta no es
algo en la que uno esté como flotando ajeno a todo, sino que también se traduce
en la búsqueda de la verdad, por eso la denuncia. Y cuando esa expresión se
logra de una manera exacta y perfecta, es demoledora. Por eso ciertos sectores rechazan
tajantemente, temen y abominan esa verdad. Por eso para ellos la poesía es
inaceptable.
Misivas para
los tiempos de paz es integrado por poemas que recorren el estado de
soledad del poeta, que es un estado necesario. La soledad como un planteamiento
existencial del ser es un tema que yo trabajo desde diferentes aspectos. Hablo
de la necesidad que tiene el ser de alcanzar esa verdad necesaria que permite
al sujeto complementar muchas cosas que rodean su propia vida. Misivas para los tiempos de paz se ocupa
del planteamiento político de 1950, en sus páginas también el lector encuentra
la fascinación con los mitos bíblicos como el de Jonás y la ballena. Está el
planteamiento del héroe en la Epístola
para el Ché Guevara. Está el dilema del amor y está el dilema de enamorarse
en la línea de piquete en una huelga obrera. Los poemas de este libro son tipo
carta. Originalmente las piezas iban a ser todas contra la guerra, pero otros
temas fueron ocupando la piel del libro. Vivencias acerca de lecturas y un
re-encuentro con ese embrión cristiano, que estaba antes de la bohemia, antes
de todo.

Este poeta regresó de México, lugar donde participó intensamente de la
vida cultural, con un compromiso generacional hacia el País. Sentía, según él
mismo lo revela, que en ciertos espacios en Puerto Rico la literatura se estaba
convirtiendo en una tarde aburrida del viernes en un salón de fiesta. Por eso
se dio a la tarea de salir de recintos académicos y de zonas metropolitanas y
buscó, entre la diversidad, excelencia en voces creadoras que trascendían el
compadrazgo y la norma.
Después ha viajado al escenario donde Lorca fundamentó el motivo de sus
versos, y poco a poco, sin necesidad de padrino alguno, ha desarrollado una firme
trayectoria como poeta. Libros como Misivas
para los tiempos de paz, Tristezas de la erótica o Duelo a la transparencia deben figurar en la biblioteca de todo
amante de la buena poesía. Paralelamente, este escritor ha desarrollado un
estilo propio como crítico literario, que lo ha llevado a reseñar la obra de
los principales creadores de los últimos 20 años. Oficio que le permite,
además, comunicar con belleza y pasión lo que implica el ejercicio de la
lectura. Mérito asombroso en una comunidad literaria donde muchos quieren ser
leídos, pero en la que casi nadie, muy pocos, se dan al placer de leer y
escuchar a los demás.
Su libro más amado le ha tomado 15 años para llevarlo a su punto final.
El poeta se confiesa muy revisionista, por lo que no descansa hasta que la
palabra exprese con exactitud lo que desea comunicar. Así, bajo esa exigencia
autoimpuesta, comenzaron a surgir los poemas de este poemario en Kingston,
Jamaica. Libro que desde su nacimiento, a mediados de la década del 90, no
dejaba de retarlo una y otra vez. Tres lustros después, Kilometro sur llega a manos del lector. Por tal motivo, En las letras, desde Puerto Rico dedica
esta edición al poeta, ensayista y crítico literario Mario Antonio Rosa.
Marioantonio
Rosa en sus propias palabras
Comienzos
Mi padre siempre me estimuló desde muy niño a leer. Mi papá era
ingeniero pero antes fue maestro normal. La práctica de ingeniería la hizo en
Cataño en una fábrica de motores aviones. Sin embargo él era un lector,
disfrutaba muchísimo la lectura. Muchas de las asignaciones que me daban en el
Colegio Nuestra Señora de Lourdes, las hacíamos juntos, especialmente las de
historia y estudios sociales. Recuerdo que un día, que me asignaron buscar
información sobre Gabriela Mistral, la gran poeta Premio Nobel, papi me ayudó
con la enciclopedia y con unas referencias. Gabriela Mistral fue la primera
poeta que me llamó la atención. Papi me dijo: “Sería bueno que transcribieras
unos de los poemas”. Mi padre, que siempre me estimuló a que tuviera contacto
con la lectura y la vida cultural, consiguió el libro que se titula Desolación, y yo transcribí unos cuantos
poemas de ese libro. Y puedo decir que desde ese momento comencé a sentir un
apego, una cosa instantánea hacia la poesía y la literatura en general.
Papi, que siempre me traía libros, llegó un día con un libro que se
titula Romancero gitano de García
Lorca. Y ese primer contacto con el Romancero
me llevó a escribir poemas. Era poesía que utilizaba todo el tiempo la
estructura del romance. Y ya a los 12 ó 13 años estaba haciendo poemas para mí.
Siempre fui algo tímido para exponer mi poesía ante lo demás. A lo único que me
atreví fue a escribir el poema de la clase graduanda 1984 en la Escuela
Superior Rafael Roca de Naguabo. Si no me equivoco a la pieza le titulé Exodo y encomienda. Durante el
transcurso, antes de que pasara eso, llegaron muchos autores a mi mesa de
lectura. Llegó Neruda, llegó Rilke, llegó Heaney. Comenzó en mí una
particular identificación con la poesía europea, la poesía de vanguardia
francesa, la moderna, la poesía simbolista. Esos libros los compraba o papi me
los traía, y con otros simplemente aprovechaba la hora de almuerzo y los leía
en la biblioteca escolar. Esa biblioteca estaba al día gracias a la Profesora
Peña y la misma estaba dotada de una buena colección de poesía. Después llegó también
Vallejo, el creacionismo de Huidobro y Leopoldo Lugones.
Los que están inmersos en el placer de la poesía tienen una comunicación
muy íntima con los libros. No se lee por leer. Hay mucha gente por ahí que lee
por leer. Lo ideal es leer y sentir a la vez. Leer y visualizar lo que estás
leyendo. Leer y sentir que no eres tú, sino sentirte el propio poeta y ver qué
estaba contemplando, por dónde estaba caminando -lo digo en el plano espiritual
y lo digo también en el plano terrenal-. ¿Qué estaba viviendo? ¿Cómo sería eso?
Es como cuando tú lees el poema que le escribe Federico a Ignacio Sánchez Mejía, La
sangre derramada. Tú cierras los ojos y lo puedes sentir. Puedes ver toda
esa situación cuando el toro, prácticamente, masacra a Ignacio, lo mata en la
cornada. Entonces tú ves todas esas imágenes como en una película. Siempre se
da una situación de que tocas el libro y sientes lo que te puede decir. Si no
te dice nada no lo debes abandonar, lo pospones hasta que llega el momento que
ese autor, ese libro, te pueda decir algo. Yo digo que yo conozco a los autores,
por ejemplo, cuando me encontré con el libro La estación violenta, ya yo conocía a Octavio Paz pero lo conocí
mejor a través de ese libro. Es como un diálogo, como si nos sentáramos aquí,
el autor y yo, y empezáramos hablar me dijera: “Mira, esto es lo que te quiero
decir.” Entonces tú lo sientes, te estremeces, y en algunas ocasiones
reflexionas sobre varios momentos de tu propia vida.
Yo crecí, como todo adolescente, con unos conflictos muy profundos, pero
papi siempre me alentaba y añadía una cosa muy curiosa. Decía que no siguiera a
la mayoría. “Tú nunca sigas la mayoría”, me decía. “Tú siempre lucha por ser de
los pocos, porque ahí es que vas a encontrar verdaderamente el conocimiento.
Hay muchas cosas que la vida misma te va a enseñar, pero si toda una muchedumbre
va por un pasillo corriendo, tú no sigas también corriendo por ese lugar. Vete
al pasillo donde menos gente halla y verás que siempre te vas a llevar muchas
sorpresas.” Y echo de menos eso, echo de menos a ese hombre que era un sabio, y
que en alguna época no supe valorarlo. A mami yo la adoro, de ella aprendí la
verdadera filosofía del trabajo. Antes de
casarse mami trabajó en el restaurante Bonaire que estaba ubicado, si no
me equivoco, en la parada 22 en Santurce. Ella supervisaba a los mozos en el
turno de noche, que era hasta la madrugada. A ese restaurante, que estuvo muy
de moda, iban artistas como Silvia Rexach. Y ahí fue que ella conoció a Papi y
después dejó de trabajar. En cuanto a que yo escribiera poesía mami no quería
saber nada. Me decía que dejara esas loqueras, que eso era una porquería, por
eso cuando papi y yo hablábamos de poesía lo hacíamos en el patio pero no
delante de ella. Él me decía: “Si escribes poemas me los enseñas a mí, no se lo enseñes a tu madre.” Incluso una vez papi me dijo: “Haz
una cosa, no tires a la basura esos poemas. Guárdalos y un día de estos, más
adelante, siéntate y léelos de nuevo, reevalúalos, y entonces trabájalos. Pero
nunca renuncies a eso.”
Mi proceso de seguir caminando en la poesía no fue fácil, se hizo muy difícil
porque con la primera persona que tuve que luchar, en una época de mi vida, fue
conmigo mismo porque no creía en mi trabajo. Quizás por la dinámica que tuve
con mami. No sé. Ya yo me estaba identificando con una primera forma de trabajo
que era el poema largo, me gustaban los poemas épicos. Trastocaba a Homero,
pero te confieso que aún al principio no lo entendía. Aunque lo veía como una
cosa tan maravillosa no lo entendía. Coqueteaba un poco con Paraíso perdido de John Milton, que es
una de las propuestas más poderosa que se ha hecho en la historia de la poesía
universal; del hombre frente a su yo interno, frente a su alma, y el
acercamiento al universo en todos los planos. Entonces empecé a entrar en esos
mundos de la observación interior, con una rebeldía que buscaba una liberación.
Buscaba una identificación con la plenitud de la vida, con la plenitud del
amor, con la plenitud de la libertad. Aquí hablamos de democracia y no somos
libres. Vete un día y transita las principales avenidas por la tarde, para que
veas que la gente está prisionera de su vida. A veces ni la propia familia
proporciona un espacio de libertad y de realización. Y tú ves todo eso y notas
que el ser humano no es libre. Por eso pienso que el poeta tiene que ser un ser
humano completamente libre y los que estén compartiendo su vida tienen que
comprender ese modo de vida, saber que esa libertad no se puede tocar. No es la
libertad que conocemos de derechos, sino que es la libertad de acá dentro, de
la esencia. Tiene que ser así para que uno, como poeta, pueda alcanzar o pueda aspirar
a la cercanía de la excelencia.
La
continuación del proceso: lo demoledor de la poesía
En el transcurso de mi liberación poética fueron capitales dos personas.
Mi hermano Juan Antonio Rodríguez Pagán fue el primero, aparte de papi, que me
dijo: “Esto vale.” Tuvimos mucho pulseo, muchos debates intelectuales, porque
yo me resistía a publicar y él insistió, insistió hasta que llegó el momento en
que me atreví. Por eso le dedico a él y a unos amigos inolvidables Misivas para los tiempos de paz. Pero
fue Juan y Francisco Matos Paoli las dos personas que me enseñaron que yo tenía
una labor que hacer y que esa labor conllevaba unos principios. No sólo se
trataba de escribir sino que asumir la poesía era en su sentido esencial un
acto de compartición y no un acto egoísta. Para asumir la poesía había que
hacerlo con humildad. Y es así. No se puede ver la poesía como si fuera un
juego de baloncesto, a ver quién mete más canastos de tres puntos, quién
defiende mejor y quién es el mejor anotador. No. La poesía no es eso. En la
poesía no se compite. La poesía es un proceso de compartición y un proceso de
discernimiento continuo. Y cuando tú estás en un País como este, con la
situación que estamos viviendo, la poesía tiene que ser un testimonio de verdad
y un testimonio que permita despertar conciencias. La poesía no es pretender
que me rindan pleitesía y que me hagan una estatua. No. La creación se da
mediante un proceso colectivo, un proceso que se da entre todos. Por eso no
debe existir esa actitud de egos en la que uno piense que el otro le puede
opacar, que es un complejo que tienen muchos escritores aquí. Los egos hay que
dejarlos a un lado.
En mi proceso creativo he explorado el ensayo y la dramaturgia pero el
primer andamio se da con la poesía. Aunque trabaje en otros géneros siempre
permanecen los elementos que nutren al poema. Siendo cartesiano por naturaleza,
dudo, pienso y existo. Siempre tengo la duda presente en mis creaciones, esa
duda de si el poema cumple realmente con
lo que yo quiero comunicar. Si no es muy hermético o soy demasiado denso. Cosas
así. Por eso digo que mi proceso siempre es un proceso de observación. Cada día
vivo no mirando, sino observando todo lo que me rodea. Las observaciones se
hacen desde el corazón y no desde el intelecto, y esas observaciones te empujan
a un título, te dicen un título, te nombran un título: yo quiero llamarme esto.
Desde ese título, que es lo mismo que decir toda esa observación diaria, van
surgiendo temas que adquieren cuerpo y forma. Temas que piden que hagas luz,
que le des forma adecuada para comunicar. Incluso ocurre en el momento de
escribir la columna en Claridad, en la que siempre trato de tener la frialdad
propia y característica de los periodistas, pero como siempre parto de la
poesía es inevitable que esa luz que da el verso y la metáfora no sea parte de
la historia. No puedo excluir la poesía del reportaje de turno que esté
realizando. El proceso poético esta inherentemente relacionado a la capacidad
de observación y se logra cuando a la misma vez se vive lo que estás
observando. Siempre lo resumo así. Incluso aunque el poema sea negativo, aunque
sea de crítica, siempre hay una aceptación y una exposición de espiritualidad.
El poeta es un ser espiritual lo quiera o no. Lo niegue o no lo niegue. En el
mismo Nerval, en Rubén Darío, en Vallejo, Huidobro o en Nicanor Parra con toda
su antipoesía, está el complemento de cierta unidad espiritual. Tengo una
definición muy personal sobre lo que es espiritualidad y para mí es,
sencillamente, acercarse a una expresión transparente. No necesariamente tiene
que ser pura pero sí transparente, una expresión que permita libertad al propio
ser y al ser con respecto a lo que le rodea. No hablo de la libertad que
predican los proselitistas, ni la espiritualidad que se conoce de las iglesias.
Sino de esa libertad que la misma expresión te permite y te hace capaz de
hacerte un humano espiritual. Y esa espiritualidad personal de cada poeta no es
algo en la que uno esté como flotando ajeno a todo, sino que también se traduce
en la búsqueda de la verdad, por eso la denuncia. Y cuando esa expresión se
logra de una manera exacta y perfecta, es demoledora. Por eso ciertos sectores rechazan
tajantemente, temen y abominan esa verdad. Por eso para ellos la poesía es
inaceptable.
Primeros
libros
Mi primer libro se titula La
soledad despierta, poemario que apenas menciono pero que marca el principio
del proceso, cuando salía del caparazón hacia afuera. En ese libro se
materializaba la conciencia de que tenía que aceptar mi relación con la
escritura. Lo escribí a los 19 ó 20 años y señaló ese destino que teníamos la
poesía y yo. Se compuso sin ninguna intención de unidad temática, pero son
principalmente poemas de amor, poemas nerudianos completamente. Habita y
cohabita el Neruda de Residencia en la
tierra, el Neruda de Los sonetos de
amor. Bajo el crisol de mi crítica actual, que es como un toro desbocao, yo
diría que el poema que cierra y que da título al poemario, sería el único poema
que sobreviviría. Incluso he pensado re-escribirlo, pero soy muy cauteloso a la
hora de retomar un libro. Sería un proceso hermoso pero, a la vez, es delicado
porque si uno le sigue puliendo, puliendo, como dice Miguel Hernández: “¡Dale,
dale, ay, hasta la perfección!” podría convertir el libro en algo muy seco, muy
estructurado. Por eso estoy alerta para cuando el mismo libro te dice: “¡Déjame!”
Y ahí tú tienes que ejercer tu libertad, y decir: “Bueno, está bien, te dejo”
Hay que dejarlo ir. Eso es parte del proceso.
Para el primer libro estudiaba humanidades en el Recinto de Humacao, de
la Universidad de Puerto Rico. Y también para la época colaboré con Juan en un
documental titulado Francisco Matos
Paoli: la entrevista esencial. Yo estaba en calidad de libretista y fuimos
un sábado a casa de don Paco. Estuvimos desde las diez de la mañana hasta las
siete u ocho de la noche, y el impacto fue demasiado, podría nombrarlo como un
verdadero acontecimiento en mi vida. A Juan Antonio y a Francisco Matos Paoli
les debo mucho.
La amanecida, fue un
segundo libro ya de carácter artesanal. Se divide en dos partes, la empírica y
la que experimenta con el ars poética. La
amanecida es un solo poema en 50 páginas. Versos chiquitos que son como
cuenta gotas. Lo hice bajo Ediciones Cundiamor.
Para esos años había comenzado a leer poemas en público, pero para nada había
pensado en publicar de manera formal. Sí me había traslado a finales de los
80’s al Recinto de Rio Piedras y allí me encuentro con poetas como Eric
Landrón, el primer Elidio La Torre, jovencito, con sus poemas de Embudo, Angelamaría Dávila. Y, sin
embargo, el estar en ese recinto tan enorme, me hacía ser más reservado, aun
cuando en Humacao yo había fundado una pequeña revista literaria llamada Aurora. Por eso Juan y don Paco fueron
tan importantes en esa época de mi vida. También me inspiraron a seguir
adelante los poetas de Guajana, específicamente Vicente Rodríguez Nietzche y
Andrés Castro Ríos.
Acuérdate que yo estudié en una época, entre los 80’s y los 90’s, que la
poesía era una práctica exclusiva de académicos. Era difícil acercarse a los
poetas que ya tenían nombre, y recibir algún estimulo de ellos era casi
imposible. Por eso es que muchos de los egresados de la generación del ochenta
todavía tienen esa actitud. Y fue esa actitud la que nuestra generación, los
que hemos venido después, fuimos rompiendo poco a poco, a marronazos. Esa pared
era una pared enorme, y poquito a poco fuimos cambiando la cosa. En aquella
época, que alguien que estaba comenzando se les acercara a esos escritores era
como decirles malas palabras. Ellos creían, y algunos todavía lo creen, que para
ser poeta hay que hacer estudios graduados y conseguir un doctorado. Y algunos
de los poetas jóvenes que emergieron después y han logrado un poco de fama
también cayeron en esa misma práctica. Por eso siempre tengo presente las
palabras de Rosa Montero cuando dice que la fama es la manera más barata del
éxito, y yo creo totalmente en eso. También hay otros poetas de los 70’s que
son recalcitrantemente indeseables, en el sentido de que uno no se les puedes
acercar si antes no te identifican; de no saber quién tú eres te rechazan. Es una
mala práctica. El ego no puede nublar una conciencia literaria. O sea, si doy
un taller de poesía no es para que me adulen, doy el taller para compartir y
brindar el concepto de la poesía, el principio de la poesía. La mejor manera
que un poeta tiene para sentirse fiel a sí mismo, sentirse más libre, más
pleno, es brindando el conocimiento de libertad que la poesía otorga. Cuando
hago un taller literario no lo hago queriendo hacer un club de modelos para
pasarelas, y es ahí, en esas “pasarelas” que se adquieren malas actitudes y
malas practicas; eso de que quítate tú pa’ ponerme yo, no tiene nada que ver
con ser poeta. La competencia no es con nadie sino contigo mismo, con nadie
más. Tú haces poesía, yo hago poesía y podemos caminar juntos ese amplio pasillo
creativo. Y tú tienes tu estilo y yo tengo mi estilo. Pero pretender que el
foco de atención esté todo el tiempo en uno, es algo absurdo. Completamente
absurdo.
El poeta en
pleno curso: Misivas para los tiempos de
paz, Tristezas de la erótica y Duelo a la transparencia
Misivas para
los tiempos de paz es integrado por poemas que recorren el estado de
soledad del poeta, que es un estado necesario. La soledad como un planteamiento
existencial del ser es un tema que yo trabajo desde diferentes aspectos. Hablo
de la necesidad que tiene el ser de alcanzar esa verdad necesaria que permite
al sujeto complementar muchas cosas que rodean su propia vida. Misivas para los tiempos de paz se ocupa
del planteamiento político de 1950, en sus páginas también el lector encuentra
la fascinación con los mitos bíblicos como el de Jonás y la ballena. Está el
planteamiento del héroe en la Epístola
para el Ché Guevara. Está el dilema del amor y está el dilema de enamorarse
en la línea de piquete en una huelga obrera. Los poemas de este libro son tipo
carta. Originalmente las piezas iban a ser todas contra la guerra, pero otros
temas fueron ocupando la piel del libro. Vivencias acerca de lecturas y un
re-encuentro con ese embrión cristiano, que estaba antes de la bohemia, antes
de todo.
Tristezas de
la erótica empieza a escribirse en el 2001, aunque se publica en el 2004. Y cuando
la gente me pregunta por la razón del título les digo que la erótica aunque la
relacionamos generalmente con el placer, con lo que llaman en inglés el glee, también esta asociada a la
consumación de todos los sentidos. Son tristezas porque llega la ruptura con la
persona amada, se rompe el cauce, se rompe todo y en esa tristeza se recuerdan
esos momentos hermosos. Un libro estructurado, escrito con toda la intención de
hacer una unidad temática que se da con naturalidad. Yo me propongo esa unidad
temática pero después me olvido de que me la había propuesto. Ese libro recrea
esos momentos de felicidad del cuerpo y del espíritu pero ya en un plano de
completa soledad. Y en ese plano se recuerdan así, con tristeza. Irremediablemente
esa es la emoción que te otorga la soledad para observar esos momentos. Tristezas de la erótica se ocupa de la
relación que tuve con la que fue mi esposa.
Duelo a la
transparencia es una búsqueda de una autenticidad de la palabra. Lo
comencé a escribir en Guadalajara en 1997 y lo termino en Puerto Rico. Hasta
cierto punto dialoga con el libro anterior. Es una continuación de lo que pasa
después. En ese poemario intento retomar unos símbolos que había abandonado.
Quería acercarme, a como diera lugar, a una expresión pura. Y tengo que
reconocer que aunque en ocasiones esa ambición extrema pueda ser mala es
también de deliciosa. Los temas del alma y el ser, el ser humano ante la vida, la
soledad y la muerte, habitan las páginas.
Una anécdota curiosa con ese libro fue que tuvo dos portadas. La primera
contenía una obra de una artista reconocida, que la editorial había asignado a
mi libro sin problema alguno, pero hubo que retirarla porque la artista en
cuestión protestó: era ella y no la editorial quien seleccionaba los autores
que recibirían su obra. Finalmente se realizó una segunda portada con la obra
del pintor dominicano Ezequiel Taveras.
El proceso
creativo en el poeta o ese lugar fuera de la coordenada terrenal
La poesía en momentos se me da por las tardes. Hay otros momentos en que
la plena luz del día me incita a escribir. Tanto Misivas como Tristezas de la
erótica, son hijos del medio día y del crepúsculo. Misivas se daba siempre de medio día hasta por la tarde o la noche.
Podía estar más de cinco o seis horas escribiendo, por segmentos o fragmentos. Sucede
que un fragmento puede estar descansando una semana, dos semanas, o puede que
lo siga al otro día. Me la paso haciendo observaciones durante el día y en
otros momentos quedo en una especie de mutismo, callado, como si me fuera de la
coordenada terrenal. Una cosa como que te hala hacia adentro, pero que cuando
estás así vas viendo los versos escritos. Casi siempre hay silencio cuando
trabajo la poesía, y también la trabajo con boleros o música clásica. Uno se
transporta hacia un mundo interior, y me ocurre cuando estoy solo y también
cuando estoy entre la gente. Así me pasa cuando escribo las columnas.
Estoy leyendo a Sylvia Plath. Me encanta. Murió muy joven, en el 1963. A
veces estoy leyendo tres libros a la vez. Confieso que todo el tiempo leo poesía.
Sí leo prosa, pero soy más selectivo. Por ejemplo, recientemente estaba leyendo
un libro de Rosa Montero que se titula La
loca de la casa que habla de la situación del escritor hoy. Habla de lo que
es la literatura, de las traiciones que esta sociedad puede hacerle a un
escritor.
El escritor, el verdadero escritor, volvemos, es un ser espiritual,
aunque lo niegue. La moda en los tiempos que nos ha tocado vivir es de escribir
y vender. Pero el verdadero escritor siempre tiene que buscar en cada obra que
escribe, la navegación de su propia espiritualidad. No lo vacuo o pueril.
Incluso es evidente hasta en los casos de aquellos escritores más renegados. La
sensibilidad nutre la lectura, la lectura nutre la sensibilidad, la misma
lectura incita al ser a la búsqueda. El escritor es una esponja y recibe del
mundo exterior visiones que el hombre y la mujer cotidiana no pueden ver. El
verdadero creador tiene el gran problema de que es doble y hasta triplemente
más sensible que ese otro ser humano que es normal, que se dedica a comprar
autos nuevos, de llevar al detalle las
cuentas bancarias, y que cada año termina en Disney con la familia. El escritor
tiene el problema de que no puede limitarse a eso. Aunque tenga que sobrevivir
haciendo todo tipo de trabajos, jamás podrá instalarse de forma completa. Incluso
hasta en la rutina de dar clases se da la abstracción de lo cotidiano; se
transporta uno y los estudiantes a otro mundo, a otro estadio, a otra dimensión
tan terrenal y tan válida como la del hombre o la mujer que tiene otro oficio.
Siempre supe y me sentí identificado con la reseña crítica, pero no la reseña
que enfatiza el elemento que solamente se ocupa de decir qué es feo y que es
liviano en una propuesta literaria. Yo, sin embargo, busco una manera de develar
al sujeto que está implicado en la propuesta creativa. Busco otras cosas a la
hora de acercarme al género. La misión en las columnas es buscar lo que está
detrás de esa obra y siempre hay algo que ese poeta, ese narrador o ese
dramaturgo dice, comunica, revela con novedad, aunque estemos hablando de temas
eternos y transitados en la literatura. No me voy por las vías tradicionales de
la crítica. En cambio, trato de sintonizar con lo que expone el artista, y me
doy a la tarea de hacer esa búsqueda del sujeto artístico en su propia obra.
Hacer crítica y análisis de una obra casi me susurra al oído cuál será
el próximo paso que ese escritor dará en el futuro, y eso es algo maravilloso.
***
Visita Sur para caminantes de Marioantonio Rosa es una palabra en búsqueda, una propuesta poética que
desea escucharse en la verdadera poesía, vive de la imagen, y como en una
carretera al sur, espera siempre el milagro de la palabra...
Marioantonio Rosa nació en San Juan, Puerto Rico (1965) Ha publicado Misivas para los tiempos de Paz (1997), Editorial Isla Negra, Tristezas de la Erótica (Editorial Isla Negra 2004), Duelo a la Transparencia (Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña 2006). En preparación se encuentran Kilómetro Sur, La Tierra de Mañana, y el libro de cuentos Disparando al Perro Sideral. Ha sido publicado en diversas antologías de poesía siendo la más reciente Poetas del Mundo, Voces para la Educación, del Sindicato de Maestros del Estado de México junto a Ernesto Cardenal y Raúl Zurita (2007). Graduado de Pedagogía en la Universidad de Puerto Rico y maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guadalajara, Jalisco, México. Poeta, crítico literario, periodista cultural. Sus artículos y poemas han sido publicados en varias revistas en las que se destacan Luvina de la Universidad de Guadalajara, Tierra Baldía, Universidad Nacional Autónoma de México, Exégesis Universidad de Puerto Rico. Dirige el suplemento LIBROS, del semanario puertorriqueño Claridad en donde es columnista desde el 2002.
lunes, febrero 06, 2012
LA LLAMARADA
Estrena LA LLAMARADA
EL ATENEO LLEVA A ESCENA LA OBRA
CUMBRE DEL
MAESTRO ENRIQUE
LAGUERRE
El Ateneo Puertorriqueño y su
Conservatorio de Arte Dramático inauguran el XXXV Festival de Teatro de la Casa
de la Patria, con el estreno de la obra cumbre del Maestro Enrique Laguerre,
La Llamarada, este próximo 10 de febrero de 2012 en el Teatro del Ateneo
Puertorriqueño.
Como una necesaria aportación
a la divulgación de la inmensa obra de los Maestros Escritores de nuestra
identidad literaria, el Conservatorio de Arte Dramático y el Archivo Nacional de
Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño escenifican la adaptación de la novela
La Llamarada, compuesta en los primeros años de la década del 30 del
pasado siglo, en una versión teatral del dramaturgo puertorriqueño Roberto
Ramos-Perea, autorizada y celebrada por el propio Laguerre y en este montaje,
con la autorización exclusiva de la hija del Maestro, la Prof. Beatriz Laguerre.
La historia de Juan Antonio Borrás,
-jefe de la Hacienda Santa Rosa que nutre de caña a la Central dominada por la
Sugar Cane Co.-, se desenvuelve entre sus amores, sus miedos, sus furias, pero
sobre todo en la intensa contradicción de valores y principios que le despierta
el naciente socialismo puertorriqueño.
Borrás se enfrentará al joven
socialista Segundo Marte, quien para conseguir la justicia para los obreros,
confrontará dos complejas visiones del mundo: la igualdad que propone el
socialismo, contra la explotación del capitalismo norteamericano.
El afogorante mundo del cañaveral
puertorriqueño, con sus injusticias, su mal pago, su abuso de autoridad, se
desenvuelve cruel y asesino entre personajes que representan las más nobles
aspiraciones del puertorriqueño. El montaje de esta obra, que carece totalmente
de elementos espectaculares, descansa sobre su maravillosa anécdota para
reproducir dramáticamente –en un escenario totalmente vacío–, la vida de los
cortadores de caña, sus costumbres, sus pasiones y sus anhelos. De esta forma,
la obra cumbre de la novelística nacional, se convierte en el drama no solo de
una historia pasada, sino de un presente de opresión vivo y latiendo.
Cuando aún en Puerto Rico existe
crasa ignorancia sobre quién es el Maestro Enrique Laguerre para nuestra
cultura, La Llamarada de la justicia social regresa para recordar que
Laguerre, no fue “un productor de telenovelas”, sino la más alta manifestación
de la excelencia de nuestra novelística en todo nuestro Siglo XX. Su obra
representa como ninguna, el devenir trágico de un pueblo en el camino de su
afirmación nacional, y en la perpetua lucha por la igualdad social.
Bajo la dirección de Roberto
Ramos-Perea, la interpretación de estos atormentados personajes estará a cargo
de los primeros actores de la Compañía Nacional de Teatro del Ateneo, Edgar
Quiles Ferrer como Don Polo y Ricardo de Santiago como Juan Antonio
Borrás; secundados por Jesús Aguad como Segundo Marte, y apoyados por el
trabajo de Javier Rivera Pastrana, Andrés López Sierra, Evelyn Monzón, Ileana
Conde, Israel Solla, Arelys Rosado, Karlamaría Torres, Keyla Jaret, Félix
Castillo, Nicole Fernández, Heri Quiles, Alfonso Román, entre una docena de
actores laborantes del Conservatorio de Arte Dramático.
La Dirección Técnica de la obra está
a cargo del Arq. Ángel Casto Pérez y el vestuario de Gina Figueroa. Iluminación
de Verónica Rubio y Sonido de Julián Ramos Trabal.
La obra estará en cartelera en nueve
funciones para el público general, desde el viernes 10, hasta el domingo 26 de
febrero de 2012, en funciones viernes y sábados a las 8:30 y los domingos a las
4:30 pm.
No se hacen reservaciones. Para
mayor información puede llamar al Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo
Puertorriqueño al 787-977-2307. O por facebook:
Ateneo Puertorriqueño, Archivo Nacional de Teatro y Cine.
Prof. Roberto Ramos-Perea
Director General del Archivo
Nacional de Teatro y Cine
Rector del Conservatorio de Arte Dramático
Ateneo Puertorriqueño
POBOX 9021180
San Juan de Puerto Rico 00902-1180
ramosperea@gmail.com
sábado, febrero 04, 2012
En las letras, desde Puerto Rico: Un verso creando lo creado: La poesía necesaria de Magaly Quiñones (Segunda parte)
por Carlos Esteban
Cana
En esta segunda parte
Magaly nos explica sin rodeos las columnas que estructuran su poética. En un
periodo de 20 años, a partir de 1989, Quiñones ha publicado cuatro libros:
Razón de lucha, razón de amor (1989), Sueños de papel (1996), Patio de fondo
(2004) y Poemas de pasión y libertad (2008). Como la primera parte, antes de
entrar en cada título hemos incluido una pieza del libro que nos ocupa en ese
momento. También hacemos un espacio para dialogar con la poeta sobre la
escritura para niños. Tres libros ha dedicado Magaly para los más pequeños: Mi
mundo: palabras de niños (2004), Poemas para los pequeños (2006) y Quiero una
noche azul (2007). Quiñones además adelanta algo de sus proyectos futuros.
Imagen, palabras,
belleza y espíritu, el proceso creativo
Todo escritor
responsable debe hacerlo porque a veces el sentimiento no sale como debe salir.
En ocasiones, sale interrumpido e inconcluso. Los versos que deben estar al
final salen al principio, y a eso hay que darle la vuelta para que caiga y
cuadre, para que sea posible la comunicación. ¿Para qué vas a escribir una cosa
que no se entienda y que cuando alguien lo lea se quede igual? No. Una de las
funciones básicas de la literatura es comunicar y la otra es cantarle a la
belleza, expresar la belleza y todos los valores altos del espíritu. Lo que
edifica al ser humano. ¿Para qué voy a hablar de cosas que lo que hacen es
fastidiarte la cabeza? Cosas que no te dan nada, que no te abren puertas ni ventanas,
que no integran nada positivo. Dejar al lector en la oscuridad, en el disgusto
o en el lamento, sin buscar otras alternativas, no es lo mío. Yo creo que la
imagen en mi poesía ha sido bien importante, pero la imagen siempre va a la par
con el mensaje. Yo no sacrifico el mensaje por ser purista ni con el idioma ni
con la imagen.
Y para que yo olvide
Te podría decir que
todo importa.
Patio de fondo (2004)
***
Traeré un espejo en
flor y en el tejado
De colores y versos
Ahora que el sol
desgrana su alimento
y la tarde se escapa,
háblame en verde,
amor,
desnúdate y florece en
cada hoja,
cuéntale nuestro amor
a la montaña.
Ahora, que el sol
desangra
por los acantilados de
mi cuerpo,
por los jardines de mi
entraña,
bésame en verde, amor,
-verde espesura-,
recógeme en la umbela
de tu pecho
y enlaza mi cintura
con tus lianas.
¡Suéñame verdiflor, sé
tú mi verdiagua! .
Piénsame verdiamor,
borda renuevos y
despierta al jilguero
que aprisiona tus
sueños en mi almohada.
¡Y, háblame en verde,
amor,
háblame en verde!.
Los desiertos se
esparcen,
los cielos se desgajan,
las aves se refugian
en las ramas….
Sobre el lomo escamoso
del lagarto,
bajo la luna trajeada
de plata,
alárgate en mi flor,
¡que no haya invierno,
amor,
que no haya invierno!
¡Enciéndeme de amor!
Ahora que el sol
desgrana,
y estoy aquí, a tu
lado,
prendida, florecida,
acurrucada,
¡trae colores y versos
a mi alma!.
Desconozco si el poema
que inicia esta segunda parte de En las letras, desde Puerto Rico, dedicada a
la trayectoria de Magaly Quiñones, será incluido en su nuevo poemario titulado
Cuerpo a Cuerpo. Según tengo entendido ese libro está conformado por poemas
breves, algunos de los cuales se acercan a la forma del haiku. Y es que la
poeta se sigue acercando, quizás con más intensidad, a la brevedad y a la
concisión. Por eso sería bueno preguntarle si De colores y versos, que no va
necesariamente en esa línea, será el primer peldaño para otro libro.
En esta segunda parte
Magaly nos explica sin rodeos las columnas que estructuran su poética. En un
periodo de 20 años, a partir de 1989, Quiñones ha publicado cuatro libros:
Razón de lucha, razón de amor (1989), Sueños de papel (1996), Patio de fondo
(2004) y Poemas de pasión y libertad (2008). Como la primera parte, antes de
entrar en cada título hemos incluido una pieza del libro que nos ocupa en ese
momento. También hacemos un espacio para dialogar con la poeta sobre la
escritura para niños. Tres libros ha dedicado Magaly para los más pequeños: Mi
mundo: palabras de niños (2004), Poemas para los pequeños (2006) y Quiero una
noche azul (2007). Quiñones además adelanta algo de sus proyectos futuros.
Aún cuando su último
libro, Poemas de pasión y libertad, ha tenido una circulación limitada, refiriéndose al mismo, el crítico Ángel
Aguirre ha expresado: “Cada nueva lectura de este rico poemario revela grandes
aciertos y deslumbra con insólitas sorpresas en ese mundo sentimental. Magaly
Quiñones, indudablemente, ha entrado plenamente en su mejor etapa creadora;
madura y selectiva en el manejo de la palabra desnuda y definitiva.” Yo, que he
tenido la oportunidad de leer cada uno de los libros de Quiñones, concurro con
la opinión de Aguirre.
La poeta continúa
incansable, sin que mine su constancia un ambiente que quita aliento a quienes,
contra viento y marea, sacan sus libros. Ya sea porque los que tienen que pagar
no pagan, por la vagancia de quienes no quieren y deberían trabajar de forma
efectiva el mercado del libro. Y la poca iniciativa que genera la burrocracia
institucional, que ciegos, ya sea para favorecer a unos o excluir a otros, no
hacen su trabajo. Pero todo lo anterior no hace mella en la escritora. Magaly
cocina lentamente seis nuevos libros (tres para niños y tres para adultos) con
la certeza de que serán publicados antes de que concluya esta década, década en
la que su primer libro, Entre mi voz y el tiempo, cumplirá 50 años de haberse
publicado. Si yo fuera el director de alguna flamante editorial no demoraría en
publicar una antología de su obra, que incluyera además un CD para escuchar las
piezas en la propia voz de la poeta. Me atrevo asegurar que apenas he escuchado
a dos o tres poetas del patio que logran comunicar sus creaciones como ella lo
hace.
La trayectoria de
Magaly Quiñones ha sido una de las más vigorosas en el panorama de las letras
caribeñas. Ha ejercido con pasión y libertad la poesía, con todo lo que implica
asumir la creación; no como algo para enaltecer egos, sino como un servicio,
como un medio para comunicarse de forma horizontal y vertical con los demás,
como un verdadero modo de vida. Hoy, en estas coordenadas espaciales y
temporales, pocos escritores lo hacen.
Por lo pronto, no digo
más. Sigamos escuchando a la poeta en Un verso creando lo creado: la poesía
necesaria de Magaly Quiñones.
La imagen lo que trae
es la belleza. Yo oí decir a alguien una vez que no entendía por qué los poetas
se alejaban de lo feo, y yo creo que hay formas de decir y hay formas de decir;
no es que el poeta se apegue a lo feo. La persona en cuestión abogaba por lo
contrario: había que apegarse a lo feo, a lo desnudo y a lo grotesco si se
quería sacudir a la gente para que despierte. Yo pienso que eso se puede hacer
sin llegar a ser soez, ni llegar a hacer algo que disguste. Por mi ojo de
artista sigo la belleza. Tanto lo veo en la literatura como lo veo en la
pintura y lo veo en la naturaleza. Hablar de cómo aspirar a la belleza es una
cosa maravillosa que se debe hacer, que es edificante para el espíritu. Hablar
de la belleza y la imagen hace crecer al ser humano. El escritor no planifica
atrapar la belleza de una forma concentrada. El escritor sigue escribiendo y
ya, al final, cuando ha terminado, es que cae en cuenta de lo que dice. La
mayor parte de las veces no estamos conscientes de lo que dijimos al principio.
Claro, yo siempre vuelvo sobre mi obra, la escudriño y la vuelvo a editar.
Todo escritor
responsable debe hacerlo porque a veces el sentimiento no sale como debe salir.
En ocasiones, sale interrumpido e inconcluso. Los versos que deben estar al
final salen al principio, y a eso hay que darle la vuelta para que caiga y
cuadre, para que sea posible la comunicación. ¿Para qué vas a escribir una cosa
que no se entienda y que cuando alguien lo lea se quede igual? No. Una de las
funciones básicas de la literatura es comunicar y la otra es cantarle a la
belleza, expresar la belleza y todos los valores altos del espíritu. Lo que
edifica al ser humano. ¿Para qué voy a hablar de cosas que lo que hacen es
fastidiarte la cabeza? Cosas que no te dan nada, que no te abren puertas ni ventanas,
que no integran nada positivo. Dejar al lector en la oscuridad, en el disgusto
o en el lamento, sin buscar otras alternativas, no es lo mío. Yo creo que la
imagen en mi poesía ha sido bien importante, pero la imagen siempre va a la par
con el mensaje. Yo no sacrifico el mensaje por ser purista ni con el idioma ni
con la imagen.
Desde bien jovencita
soy caculo de museo. Cada vez que viajo, voy a dos sitios sin fallar: al
zoológico y al museo. Al zoológico porque me gustan los animales y la
naturaleza. Me gusta ver la vida primigenia en su estado más puro, y la pintura
porque me fascina. Yo no tengo mucho tiempo para pintar. He ilustrado dos de
mis libros pero, en realidad, me considero escritora más que pintora. Empecé a
pintar muy tarde y a instancias de una profesora. Aunque, eso sí, siempre he
realizado mi dibujito cuando escribo. Yo tengo cuadernos, desde los diez años,
en los que escribía cartas, poesías; mis impresiones del momento y de las
clases, todo lo que me pasaba en el día, y en esas páginas hay dibujos. Muchos
nacieron a la par con los poemas.
***
Para grabar tu nombre
Para que yo me cure
el indio que hay en mí
baila su danza
quemando la memoria de
tus días
frente a la gigantesca
fogata.
Y para que yo suba sin
resbalar
sobre el despeñadero
de mis ansias,
el negro que en mí
vive
mezcla yerbas y savias
en prietas calabazas
y me obliga a beber tu
sudor y tu sangre
en feroz exorcismo.
el dolor que tu piel
dejó en mi piel,
la moral religiosa del
colono español que vive en mí,
obedeciendo al dogma
desata
la frialdad en mi
mano, la firmeza en mis ojos,
mudez en mi palabra.
La última vez que me
atreví a salir a enfrentar a mi dolor
las tres razas me
dieron de comer
pero no pude contener
las lágrimas.
La última vez que
quise anochecerte el alma,
vi al sol que se
escondía tras mis versos
para grabar tu nombre.
Razón de lucha, razón
de amor (1989)
Con Razón de lucha,
razón de amor recuerdo como hoy, el día que yo recibí una carta de California, pidiéndome 375 copias de ese
libro. ¡Me estaban leyendo en la escuela superior de allá! ¿Cómo llegó Razón de
lucha, razón de amor a California? Para mí sigue siendo un misterio.
Ha sido un libro que
me ha dado grandes satisfacciones. Cuando yo recito incluyo mucho de su poesía.
Creo que fue a finales de los 90’s que tuve una lectura en la Biblioteca del
Congreso, allá en Washington. Y el público era de siete Estados distintos, un
público masivo que recibió la poesía de Razón de lucha… con un entusiasmo que
me dejó maravillada. La experiencia me fascinó.
Mairena-Julia-don
Manuel
Mairena me ayudó en la
distribución, pero yo era la responsable de los costos de los libros. Ese gran
español-puertorriqueño que se llama Manuel de la Puebla hizo por la literatura
puertorriqueña mucho más de lo que algunos de los nuestros han hecho. Don
Manuel siempre ha estado muy pendiente a mi obra. Siempre me alentó y ayudó. Yo
también fui parte de la Junta Editorial de su revista. Primero en Mairena y
después en Julia. Le ayudé en la corrección de pruebas, le daba ideas y él me
consultaba mucho. Él me ayudó en la distribución de algunos libros. Es un
hombre con una infinita dedicación y amor a la literatura, así como a nuestra
patria.
***
Me quedo lela
Esta tarde sin sol me
has preguntado
de qué lado se estrena
el corazón
cuando amor nace y nos
sentimos viejos.
Ahora que caminamos
por las calles
obscenas de New York,
que recortamos sueños
y poemas
desde Strawberry
Fields hasta West Village,
apurando, a lo Lennon,
la música del alma
sobre el cuerpo,
se te nubla la voz y
aún me preguntas…
Que tú y yo, como
todos, en la medida justa,
conformamos la inmensa
postal de rascacielos.
Podría hasta jurar que
amar, libar, besar
son ejercicios sin
edad ni tiempo.
Pero, me quedo lela,
meditando en la
hondura de tus ojos.
Me quedo lela
ansiando, sopesando
lo que cuesta soltar
nudos y velas
en medio de una
historia de hundimientos.
Esta tarde sin sol en
que preguntas,
rimando el fuego de tu
corazón,
con qué mano se
enciende el universo,
no hallo respuestas en
mi corazón,
a lo sumo unos versos,
estos versos…
Sueños de papel (1996)
Para Sueños de papel
yo andaba buscando dinero para publicar, y andaba buscando una editorial y no
la encontraba. Finalmente, para esa misma época, de la Editorial de la
Universidad se comunicaron y me preguntaron si tenía algún manuscrito, porque
ellos consideraban que mi obra estaba afianzada; que tenía una obra fuerte en
Puerto Rico. Ellos querían desarrollar esa serie que titularon Aquí y Ahora.
Les dije: “¡Claro que sí! Aquí está durmiendo en la gaveta.”
Cuando llevé Sueños de
papel lo encontraron demasiado largo porque ese libro tiene alrededor de 200
poemas. Entonces me dijeron: “Pero la serie va a ser bien pequeñita. ¿A usted
no le molesta que sigan los poemas sucesivos en la misma página? ¿Que se
termine uno y comience otro?” Con lo que me indicaron yo pensaba que el libro
no se iba a ver tan bonito, pero la otra alternativa que me estaban dando era
que lo cortara. Y les dije: “No. No lo corto. Publíquenlo así”.
Un libro no es un
montón de poemas juntos. Un libro como Sueños de papel tiene unidad, tiene un
hilo interno, una intención detrás. Todo está configurado. Y no cedí. “Póngalo
corridito si quieren, –añadí- siempre y cuando, entre uno y otro poema,
aparezcan los títulos.” Así lo hicieron y salió completo en esa cosa tan
pequeñita en que lo metieron. Ese vestido tan pequeño. No sé cómo lo lograron
pero ahí está.
Sueños de papel, dicen
algunos críticos -y después que hablan uno se pone a pensar- que es un libro de
afirmaciones. Y estoy de acuerdo con ellos. Sueños de papel es un libro que
afirma. Me afirma a mí como puertorriqueña. Me afirma como poeta antillana, me
afirma como caribeña. Es un libro que habla de la reivindicación de la mujer. Escrito
en tono de mujer y tiene mucha fuerza. Afirma mi compromiso con la patria. Todo
lo que yo he venido cocinando desde un principio, que se da en ese libro con
afirmación, ya está solidificado. Ya estoy plantada. Los poemas hablan de que
esto es así, así y así.
Y como te dije, es un
libro enorme. Se hizo cinco años antes de que se publicara. Salió en el 1996
pero ya desde el 90 ó 91 ese libro empezó a crecer, a crecer y a crecer. Y
creció tanto que yo andaba tocando puertas. Es uno de mis libros favoritos. De
Sueños de papel se han hecho traducciones, y en Estados Unidos hubo personas
que hicieron tesis ocupándose del libro.
***
Sismo –en miniatura-
Hurtándole al jardín
unas flores de maga
y una que otra canaria
amarilla, he provocado,
con una sola, torpe,
inocente pisada,
un terremoto inmenso
que enloqueció,
dejándolas sin techo,
ni miga ni sustento
a millones de
hormigas.
Son muchas las cosas
que podría decir sobre Patio de fondo. Es un libro denso, toda vez que lo tomo
en mis manos y lo releo me sorprende como si fuera nuevo o desconocido. Tiene
infinidad de rincones donde me escondo, me desdoblo o me acomodo. Es fruto de
un proceso de mirarme por dentro,-introspección y flujo de conciencia- de
escudriñar las peculiaridades de mi yo poeta.
En este poemario me
acerco a lo que significa la naturaleza de las palabras. Me ocupo de analizar
cómo surge en mí el proceso de creación. Cuáles son las dificultades y
peripecias de mi oficio. Es una vía fértil para ubicarme y reafirmarme en mi
entorno caribeño. También abarca anécdotas que sustraigo al recuerdo y
meditaciones sobre temas que me preocupan o me asombran.
Hay un verso breve que
se ha repetido una y otra vez en mis visitas a las escuelas, o en foros de
intelectuales amantes de la poesía. Sismo -en miniatura- da la voz de alerta sobre la indolencia del
hombre moderno, pero que también deja entrever una cualidad que se ha ido
adueñando de mi yo, a medida que he ido creciendo y madurando. Como Tomás de
Aquino me conduelo, me conmisero de los seres pequeños, frágiles, débiles, o en
desventaja en este mundo que se torna cada día más feroz e inhumano. Esa es una
de las razones, entre muchas otras, por la cual escribo para los niños.
En este poemario, como
en casi todos los que he escrito, se mezclan una vez más la vía amorosa y la
corriente social. Creo que el título es acertado porque describe, en parte, el
cuerpo del libro -Ese patio de fondo que es mi vida...—
Poesía para niños
Carlos Esteban, mi
poesía para los niños comenzó no como un ejercicio en lo abstracto sino como
una vivencia muy cercana. Fue mi sobrino Joshua quien, apenas teniendo 6 o 7
años, me pidió que le escribiera un poema sobre una experiencia que vivió junto
a mí cuando lo llevé a la playa y le mostré lo que era una puesta de sol. Se
impresionó con la belleza del fenómeno natural que sucede a diario, pero que
sólo un niño o un artista, en ocasiones, puede verdaderamente apreciar. El niño
era huérfano y tuvo una niñez muy difícil así que decidí ampararlo integrándolo
a algunas de las actividades, para mí rutinarias: ir al teatro a ver una obra,
escuchar un concierto, ir al museo o a una galería de arte a ver y apreciar las
pinturas, ir a la playa, al parque, al Yunque a observar la naturaleza... El poema solicitado se titula El Sol, el Niño
y el Mar y dio pie al nacimiento de mi primer libro para niños: Mi mundo. Así,
mirando en el espejo de Joshua, redescubrí el mundo desde otra perspectiva, la
de la niñez. Me convertí no en su tía abuela sino en su amiga, compañera de
juegos, de deportes, de aventuras, de asombros diarios.
Cuando escribo para
los niños no lo hago desde mi adultez, miro como ellos, me cuestiono los
misterios como sólo ellos se los cuestionan, y me acerco a mi adultez cuando
surge una pregunta que les puedo contestar como lo haría una hermanita mayor.
Eso sí, los temas que abordo son los temas que me interesan que ellos evalúen:
la ecología; el deterioro del planeta por descuido del hombre; la
deshumanización e insensibilidad ante la fauna; la flora; la niñez misma; la
sobrevaloración de los bienes materiales. Y, por supuesto, el aprecio por la
belleza, los valores anímicos que son los que verdaderamente perduran. Estoy
consciente de que de los niños, futuros hombres y mujeres, depende la salud y
el progreso de nuestro mundo. Y les hablo en su idioma para que me entiendan.
Al visitar las
escuelas me percato de que no sólo me entienden sino que comparten conmigo mis
inquietudes. Al publicar Mi mundo decidí hacerlo en forma bilingüe. Traduje los
poemas al inglés porque ya intuía que, en algún momento, Joshua sería adoptado
e iría a vivir a los Estados Unidos, y así fue. Ya tiene 16 años y reside en un
hogar de adopción en el estado de Florida. El libro ayudó a levantar su
auto-estima y eso me hace sentir enormemente satisfecha porque hay muchos
Joshuas en el mundo abocados al desamparo.
Al presente tengo tres
libros para niños inéditos, uno para pequeñines, otro para preadolescentes y
uno que trae música (un CD) que será exclusivamente para niñas. Como sabes, es
muy difícil publicar en Puerto Rico y aunque mi poesía infantil ha recibido una
aceptación verdaderamente significativa, aún ando buscando quien los
auspicie.
Tengo un mal
Tengo un mal incurable
que crece y me devora,
se hace insaciable
según pasa el día,
trae aguijón y luce
como una araña boba;
es un mal en poesía.
Porque no cese, por
mantenerlo siempre
aquí, a mi lado,
voy a hacer un
embrujo.
Pondré, con luz de
luna,
en un coco, añejados,
tres onzas de ron
blanco y ambrosía,
para curarte la
melancolía,
para que no te duela
tu pasado.
que separa tu casa de
la mía,
sembraré salvia,
menta, lenguas de cundeamor,
algodón blanco y un
manojo de sol
que aclare el día.
Y para resguardar tus
alegrías,
para que no te asalte
el mal del llanto,
en el caracol de tu
mano
pondré frescura, ruda
y yerbabuena
y al pie de tu
ventana, en la mañana,
dos varas de olorosas
azucenas.
Tengo un mal incurable
que me provoca espasmos
y temblores,
que no respeta credos
ni colores,
cargado de adjetivos,
sinalefas y hemistiquios
traidores,
es un mal en poesía.
Para fortuna mía
hoy tengo mal de
amores.
Poemas de pasión y
libertad (2008)
Y hablando de Poemas
de pasión y libertad puedo decirte que aunque pasé mil trabajos para publicarlo
no me arrepiento de haberlo hecho. Lo ofrecí a alguna que otra editorial, sin
respuesta alguna, o insinuaciones de que -la poesía no se vende- y terminé por
publicarlo por mi cuenta, utilizando mis ahorros. La tipografía se hizo en
Florida y la encuadernación en P.R. Pero al tratar de ubicarlo en las librerías
del patio pues o no me pagan mi por ciento o no me lo aceptan, como me pasó con
Borders, porque diz que no tenía mi nombre en el lomo y no era “anaquelable”.
Luego me enteré de que eso no es obstáculo para los Borders en los EE.UU. Pero,
en fin, traté de venderlo vía internet y sí obtuve algunas respuestas. Pero era
muy cuesta arriba enviarlo por correo, luego de recibir el pago y, a decir
verdad, no recuperaba los gastos ni compensaba el esfuerzo de empacar y enviar.
En cuanto al
contenido, muchos de los poemas me han traído grandes satisfacciones aún antes
de ingresar al libro. El titulado Posibilidades lo leí frente a un público
joven y muchos de los asistentes me lo pidieron para enviarlos a sus novios o
parejas. Atada a los caprichos me lo pidió una colega en Canadá para traducirlo
al francés e hizo un trabajo excelente. La apuesta me trae lindos recuerdos de
un viaje que hice en tren a las cercanías en España, donde escuché a un niño
hablando con su abuela en el tono de que -Abuela, a que no, abuela a que sí...
Y de ahí nació la chispa que dio pie a su cuerpo. El de Boleros y tragos me
trae gratos recuerdos de mi pre-adolescencia en Puerto Nuevo, ya que me crié en
esa zona, muy cerca de donde vivían Felipe Rodríguez y Marta Romero. El
titulado El primer día me fue solicitado en un pueblecito en Valencia, España,
para publicarlo en un boletín literario que circulaba a mano por el pueblo.
Entiendo que el libro
es altamente erótico en su sección amorosa y que la crítica social no se escapa
como en el poema Exilio y Clases, entre otros. Yo te diría que Poemas de pasión
y libertad es mi libro favorito.
Nuevos libros
Y hablando de nuevos
libros destinados al lector adulto, tengo en preparación tres. Uno es el de
Recuentos de viajes (en prosa, por supuesto). El otro es un poemario
bilingüe--(recopilación de todos los poemas que a lo largo del tiempo se han
ido traduciendo al inglés). En cuanto a la antología tengo una idea bastante
clara de lo que debe ser incluido, pero el problema de la publicación en el
país me tiene desanimada. La EDUPR y la del ICP están casi inoperantes y mis
ahorros no aguantan el empuje de seis libros nuevos. No sé qué pasará con estos
proyectos en ciernes, pero, quién sabe, a lo mejor viene un golpe de suerte y
logro que alguno de ellos vea la luz.
La palabra es el
germen
Ya no soy
sino un tallo de
energía
suspendido en un cráneo.
Una casa en la sombra,
una vieja memoria que
se inventa.
En el monte de Dios
que habita el hombre
mi alma es piedra y
grano que se crece
como espiga de sol
entre mis manos.
La palabra es el
germen
y en medio de la
noche, en cuclillas,
va dando forma a la
matriz del Templo.
Ya no soy
sino un verso
creando lo creado.
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